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La educación emocional, formación permanente del profesorado
Rafael Bisquerra Alsina, profesor de la Universidad de Barcelona

La sociedad actual plantea una serie de problemas. El periódico La Vanguardia aseguraba, en uno de sus artículos, que el estrés es la segunda causa de baja laboral y que el Estado gasta más de mil millones de pesetas anuales para afrontar esta enfermedad. Otros datos indican que 8 de cada 10 profesores corren el riesgo de sufrir el síndrome de «estar quemados»; y un estudio realizado en Quebec, informa que la mayor parte del absentismo docente se debe a dicho síndrome.

Muchas de las causas de estas situaciones son de carácter psicológico o emocional. Por ello, creo que si bien hay una necesidad paliativa y terapéutica, también es importante la prevención. Se asegura que durante 1999, el erario público gastó 90.000 millones de pesetas en medicamentos relacionados con antidepresivos. Todo esto me hace pensar que hay una necesidad social que no está satisfactoriamente atendida.

Aunque hay diversas propuestas de prevención, como el apoyo a los profesores, la formación permanente o la distribución equitativa de alumnos, yo me centraré más en la educación emocional como uno de los aspectos de prevención.

Un punto de partida es la LOGSE, que en su artículo primero describe hacia dónde debe orientarse el sistema educativo, y explicita en el punto A, de este mismo artículo, que debe orientarse hacia el pleno desarrollo de la personalidad del alumno.

Esto tiene unas implicaciones, que son, por ejemplo, que la educación debe atender al desarrollo cognitivo y emocional. Sin embargo, en la práctica ha predominado la educación formal y hay una cierta carencia de énfasis en lo emocional.

Y frente a esto ¿qué se puede hacer?, porque creo que muchos problemas tienen sus raíces en aspectos emocionales, que impiden un buen desarrollo emocional, personal y social de las personas.

Tomaré como base, en primer lugar, el planteamiento de intervención psicopedagógica que hace Gadamer, quien propone siete puntos de desarrollo: musical, cinético-corporal, lógico-matemático, lingüístico, espacial, interpersonal e intrapersonal. Y me centraré en estos dos últimos. El primero, como capacidad de relacionarme con otras personas; y el segundo, como capacidad de relacionarme de forma positiva conmigo mismo.

Daniel Goleman, en su libro La inteligencia emocional, señaló como aspectos centrales: conocer las propias emociones para relacionarnos positivamente con nosotros mismos y con los otros, y como primer paso para canalizar las emociones. Otros aspectos importantes son aprender a manejar las emociones; lograr motivarse a sí mismo; reconocer las emociones de los demás, porque éste es un paso previo para conocer las propias emociones y nos permite situarnos en la perspectiva del otro, sentir lo que siente el otro; abrirnos hacia actitudes prosociales y, con ello, evitar actitudes de racismo e intolerancia.

La justificación acerca de la necesidad de una educación emocional se deduce a partir del análisis del contexto; muchos problemas tienen que ver con el analfabetismo emocional y, por tanto, proponemos unos objetivos, unos contenidos, una metodología, unos materiales y una evaluación que permita llevar a cabo esta educación emocional.

En primer lugar, fijaré el concepto de educación emocional. Es un proceso educativo, continuo y permanente, que pretende potenciar el desarrollo emocional como complemento indispensable del desarrollo cognitivo, constituyendo los dos elementos esenciales del desarrollo de la personalidad integral. Para ello se propone el desarrollo de conocimientos y habilidades sobre las emociones con objeto de capacitar al individuo para afrontar mejor los retos que se plantean en la vida cotidiana. Todo ello tiene como finalidad aumentar el bienestar personal y social.

La educación emocional parte de que tenemos, en primer término, emociones negativas; aquellas que experimentamos cuando nos encontramos ante una dificultad para alcanzar nuestro objetivo más esencial que es el bienestar, por ejemplo la ansiedad, la tristeza o la depresión; y, en segundo lugar, emociones positivas: la alegría, el bienestar, la felicidad, etc.

En cuanto a las negativas, que si son intensas y permanentes pueden provocar estados emocionales negativos, intentamos realizar una prevención en sentido amplio y facilitar que se desarrollen emociones positivas. Para ello son necesarias terapias en las que se intenta ayudar a las personas que han tenido descontroles emocionales, para detener los efectos nocivos de estas emociones negativas. En este caso, el destinatario de esta educación emocional sería el profesorado, en primer lugar, pero también el alumnado y, por supuesto, sus familias.

Los efectos en el profesorado deberían ser los relacionados con el desarrollo personal, como la prevención del estrés, la depresión y los conflictos; los relacionados con el desarrollo profesional para que pueda ser utilizado en las relaciones con el alumnado; y los relacionados con el desarrollo del alumnado, es decir, impartir conocimientos sobre educación emocional.

Por su parte, los objetivos de la educación emocional son adquirir un mejor conocimiento de las propias emociones, identificar las emociones de los demás, desarrollar la habilidad de controlar las propias emociones, prevenir los efectos perjudiciales de las emociones negativas, desarrollar la habilidad para generar emociones positivas, desarrollar una mayor competencia emocional, desarrollar la habilidad de automotivarse, adoptar una actitud positiva ante la vida y aprender a fluir.

En cuanto a los contenidos, se desarrollan temas como el concepto de emoción, los componentes de la emoción, las clases de emociones, emoción y salud, emoción y motivación, el conocimiento de las propias emociones, el reconocimiento de las emociones de los demás, el control de las emociones y las habilidades socio-emocionales.

Además, existen algunos modelos de intervención, entre los que destacaré la acción tutorial, la integración curricular, las materias optativas y la enseñanza ocasional, que pueden ser programas paralelos.

La educación emocional requiere una formación inicial del profesorado, pero también una formación permanente, elementos que pueden afectar a la sociedad en general. Además, este tipo de educación puede convertirse en una prevención inespecífica que ayudar a reforzar las competencias que pueden actuar como factores preventivos en los problemas que afectan a la sociedad; por ejemplo, el consumo de drogas, el sida, la conducción temeraria, la indisciplina, los embarazos no deseados, la anorexia, el estrés, la depresión, la ansiedad o la violencia, entre otros.

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